Apio Ludd

2013



Traducción por Energumen



Estos son tiempos graciosos. Si algunos viejos, obviamente seniles (¡si no estuvieran seniles, ellos nunca harían esto!) anarquistas se atreviesen a usar la palabra “libertario” de la misma forma que era usada hace más de un siglo, de la forma en que aún es usada en muchas partes del mundo, los modernos jóvenes anarquistas los mirarían horrorizados, todo gracias a que hace 42 años unos pocos ingenuos patéticos pro-drogas, pro-sexo, pro-capitalismo decidieron darle ese nombre a un partido[1]. Decidieron nombrar de esta manera al tipo más tedioso de partido – a un Partido político[2]. Puedo entender porque estos jóvenes no quieren usar esta palabra si no fuera por una sola cosa. Que muchos de ellos no tienen problema para auto-proclamarse comunistas. Como si no existieran partidos comunistas desde la mitad del siglo XIX. Como si Stalin, Mao, Pol Pot y toda la banda de dictadores sangrientos que existieron por la causa del comunismo nunca hubieran existido.[3] ¡Tengo bien claro que palabra tengo que evitar primero!

Soy consciente de que el comunismo anarquista o comunismo libertario tiene una historia tan antigua como el primer partido comunista. Pero estos antiguos anarco-comunistas[4] eran cuidadosos de asegurarte de que eran anarquistas. Su etiqueta de comunistas nunca se comprendió fuera del adorno seductivo de la finura anti-autoritaria. La mayoría incluso parecería reconocer que la autonomía individual era un de los objetivos principales del anarquismo, aunque a menudo olvidaban que la autonomía individual es también la práctica principal.

Muchos de los anarquistas que hoy en día hablan amorosamente acerca del comunismo parecen rechazar la posibilidad de la autonomía individual…. O incluso rechazan la posibilidad del individuo. No importa si se trata de nihilistas ingenuos atormentados por las boberías metafísicas de Tiqqun, o que dicen los ultra-excitados, ultra-teóricos de la ultra-izquierda, la mayoría de los jóvenes comunistas “insurrectos” creen que tú y yo realmente no actuamos, sino que solo somos marionetas de actores invisibles e incorpóreos como la sociedad, las relaciones sociales, los movimientos, un montón de fuerzas colectivas que aparentemente surgen de nada más que ellos mismos, ya que si tratas de devolverte a su fuente real, debes volver hacia los actores individuales que actúan en su mundo y se relacionan entre ellos. Esta creencia no servirá para terminar con el rechazo a la autonomía individual o incluso el rechazo de la posibilidad del individuo, para terminar con esto, debemos reconocer, no a “la comuna”, no a “la comunidad humana”, ciertamente no a esa absurdidad mística de los “seres”, sino a ti mismo en el aquí y ahora – un individuo único capaz de desear, decidir y actuar – como el centro y objetivo de tu teoría y práctica. Y una gran parte de la teorización del comunista pareciese estar precisamente enfocada en evitar esto.

Pero aquí estoy burlándome de los balbuceos comunistas mientras yo mismo balbuceo. Supongo que es momento de llegar al punto (a mi indirecta manera vagabunda). ¿Por qué no soy comunista? ¿No podría yo mismo crear un comunismo que sea mío? Esta absurdidad dadaísta levemente excéntrica sería un experimento atractivo, pero tengo mejores juegos para jugar. Verás, el comunismo tiene una historia, y no es una absolutamente bonita. Si voy a intentar cambiar la interpretación del comunismo, lo hare a mi manera, no lo hare para “recuperarla” –no quiero esa maldita cosa- sino para usarla como arma verbal. Es tiempo que la etiqueta de “comunista” se vuelva tan insultante como la palabra “capitalista” entre los anarquistas que reconocen que ninguna ley significa ninguna ley sobre ; que ninguna autoridad significa ninguna autoridad sobre , que ningún gobierno significa ningún gobierno sobre . Y la práctica inmediata de estas negaciones es la autonomía individual, voluntaria, y consciente de mi propia creación en mis propios términos.

Si he de crearme a mí mismo y mi vida en mis términos en cada momento, lo establecido, lo permanente, lo absoluto, es mi enemigo, así que no puedo favorecer ningún tipo de colectividad, comunidad o sociedad permanente. Cualquier permanencia que me impregne, me petrifica de modo que ya no soy capaz de crearme en mis propios términos. Solo puedo intentar adaptarme a la impregnante permanencia. Así que, al insistir en crearme en mis propios términos, yo socavo toda la colectividad, toda la comunidad, toda la organización y toda la sociedad, incluso aquellas asociaciones temporales que elijo hacer para mis propios propósitos, ya que una vez que dejan de servir a mis propósitos, me retiro y permito que los eventos se desenvuelvan aceptando lo que pueda ocurrir.[5] Esta es la razón de porque mi elegancia egoísta prefiere dúos casuales sin planes, tríos transitorios y uniones efímeras en vez que asociaciones permanentes, fraternidades solidificadas y colectividades calcificadas.

El comunismo requiere una comunidad permanente. Si este no es un objetivo, entonces la palabra carece de sentido, sería nada más que el balbuceante murmullo de los fanfarrones luchando por su cuota de credibilidad revolucionaria. [6] Muchos de los comunistas actuales han perdido la fe en el Evangelio de Marx y su promesa de un comunismo predestinado (por supuesto, ningún anarco-comunista alguna vez puso fe en esta promesa piadosa, ¿cierto?). Pero incluso aquellos que no se cansan de trillar la misma idea sentimental que concibieron la “comunización” – la idea del comunismo como como un movimiento continuo dirigido hacia la comunidad- no se escapan de esta meta, porque aun así supone que la comunización es un movimiento dirigido hacia esa comunidad humana universal (y por lo tanto, permanente). Y lo que es permanente y universal es anti-individual, anti-yo, mi enemigo.

El comunismo requiere esta permanencia que impregna todo, porque necesita un establecimiento, un estado. En el Evangelio de Marx, podemos leer: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”[7] Para Marx, ese piadoso profeta de la providencia ateísta, el modo comunista de intercambio era un resultado inevitable de la historia; para los anarco-comunistas que se tomaron esta santa escritura a pecho, se convirtió en una moral ideal a llevar a cabo. Mi corazón egoísta y arrogante no tiene utilidad ni para el despotismo de determinismos históricos ni para gravámenes de los edictos éticos, de modo que no vacilo para preguntar que conlleva esta regla: ¿Quién determina las habilidades y capacidades de cada uno? Solo reduciendo al individuo a lo que es más abstracto de ellos – su humilde e inofensiva humanidad- puede existir una determinación “universal” de necesidades y habilidades, entonces estas necesidades y habilidades son también meras abstracciones. Sin estas determinaciones universales, yo podría afirmar que necesito un Rolls Royce o una mansión de 60 habitaciones y nadie podría contradecirme, porque no habría un estándar universal para la comparación. Por lo tanto, para establecer el estatus de las capacidades y necesidades un estado es necesario, es decir, ciertos individuos tendrían que estar en una posición de decidir cuáles son las habilidades de cada uno y cuales son sus necesidades.  Para ti y para mí como individuos, probablemente tenderíamos a dirigir nuestro día a día hacia una forma egoísta de intercambio que suele ser practicada entre amigos: “De cada cual, según su voluntad, a cada cual según sus deseos.” Una práctica que puede parecer exteriormente como el ideal comunista, pero éste tiene una diferencia: El ideal comunista implica que los capaces deben algo a los necesitados y por lo tanto involucra un deber; en la práctica egoísta, no existe el deber, porque no se espera que alguien haga algo o entregue algo si no es por su voluntad de hacer o entregar. Su amor por (en otras palabras, su interés en) el otro es la razón por la que entregarían. La mutualidad egoísta es el lubricante de este flujo

En conclusión, tengo buenas y malas noticias para mis amigos comunistas. Las buenas noticias: El comunismo ya está aquí. El capitalismo es simplemente comunismo de mercado: ““De cada cual[Trabajador], según sus capacidades, a cada cual[Capitalista] según sus necesidades.” Así, el capitalismo impone el servicio al bien común (en otras palabras, la élite dominante que representa a “todos”) a todos aquellos que están dispuestos a permanecer esclavos de un poder superior. La comunidad del capitalismo nos rodea como un sistema que impone relaciones, y como todas las comunidades permanentes, se alimenta de la sangre de vida de los individuos, siempre y cuando estos individuos sucumban. Y esto me lleva a las malas noticias para ustedes comunistas: Yo soy tu enemigo… por la misma razón que soy enemigo del capitalismo. Y no seas engañado si yo suelo parecer impotente para ti. En mi mundo, Yo soy la lo más importante y poderosa entidad, y yo soy un enemigo implacable del capitalismo y el comunismo.

[Desde la Publicación: “My Own: Self-Ownership and Self-Creation Against all Authority”, Número 10, Octubre del 2013]

 

My own es una publicación de ideas anarquistas, egoístas e individualistas, literatura y análisis desde una perspectiva explícitamente anti-capitalista, anti-mercados enfocada en alentar el entrelazamiento de insurrecciones individuales en contra de todas las formas de autoridad, dominación y aplicación de conformidad.


 

[1] Partido que se basa en elementos de la filosofía liberal como la defensa de una economía capitalista de libre mercado (laissez faire), los derechos individuales, como la libertad de asociación y orientación sexual, y la propiedad privada. También son partidarios de la libre circulación de personas entre países, y regulaciones mínimas a la migración. [Nota del traduct.]

[2] “And, no, is wasn’t a keg party or a pot party or even a tea party, it was that most tedious kind of party – the political party.”// Juego de palabras usado por el autor Como chiste, ya que en inglés “Party” que significa “partido” también significa fiesta, dos ideas contrapuestas para el autor; Literalmente significa: “Y no, no era una fiesta cervecera o una fiesta marihuanera Ni siquiera una fiesta para tomar té, era el tipo más tedioso de partido (fiesta)- el partido político. [N. d. T]

[3] Marx fue una figura bastante desagradable, pero afortunadamente en la cosa más grande en la que adquirió poder fue en la primera internacional.

[4] Todavía existen en ciertas partes exóticas del mundo como Europa y la zona este de los estados unidos.

[5] “let things fall where they may”: es un dicho ingles que hace referencia a permitir que algo suceda, sin importar que pase después, en otras palabras, hacer algo sin preocuparse por los efectos que pueda tener. “Que los eventos inminentes sucedan”.[N. d.T]

[6] Por su puesto, muchísima teoría comunista suena justamente de esta manera.

[7]   Crítica del Programa de Gotha, Parte I.

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